La vuelta de los sueños...
Evidentemente la urgencia de transmitir los recuerdos a este escrito, hacen que dichas memorias comiencen a desvanecerse lentamente, demostrando así, que las ideas más importantes no son fáciles de retener para las mentes poco entrenadas como la mía: necesito leer más.
Se aproximaba el fin y el terror invadía a la mayoría. Era extraño el lugar: un ómnibus lleno de gente poseída por el miedo, la desesperación, la ignorancia y la impotencia. Afuera la oscuridad de las nubes de tormenta. Casi todas las ventanillas cerradas. Lo llamativo es que, en aquel transporte estaban algunas personas conocidas. También estaban mis hijos, aunque solo recuerdo haber visto a Néstor. No podía hacer mucho, y más era el tormento de saber que mis seres queridos estaban acompañándome en ese viaje que parecía terminar en el peor de los finales. También estaban, la madre de Néstor, la madre de mi hija Alba, Edgardo uno de mis mejores amigos, José un amigo que hace años no veo, la madrina de Alba... y también recuerdo haber visto a Sergio, otro gran amigo al que respeto mucho. Se que había más pero la escena estaba tan cargada de imágenes impidiéndome retener todos los rostros. Sin embargo eso, es lo menos importante de este relato.
En medio del caos logro ver un par de personas que sacaban sus brazos por la ventanilla como tratando de agarrar algo. El micro se sacudía hacia todos lados sin control. Me acerque a una de esas personas. Mi empatía estaba al máximo de sensibilidad. Toque a la persona en su hombro para preguntar que trataba de hacer y comenzaron las imágenes. Estaba frente a una PC. En un lugar árido. Había una escalera. La persona recibió una lección basada en su vida personal. Esa lección le marcaba un detalle. Un "defecto" que lo había perseguido toda su vida. Luego de resolver la situación planteada pudo seguir adelante. Atravesó un portal y ya no pude sentir nada. Volví a mi realidad en el colectivo, para ver a la persona perderse en la oscuridad al haber saltado del colectivo. Me asomé para ver a donde iba, y vi unas manos brillando de color celeste, con mangas blancas, extendidas todas alrededor del vehículo que flotaba en la turbulencia.
En ese momento lo entendí todo. La única escapatoria era tomar las manos que ofrecían ayuda. Fui hasta la madre de Néstor, pero su desesperación no me permitió conseguir su atención. Vi a Néstor sentado, ido, pero no asustado. Estaba agarrado del pasamanos del asiento con la mirada en la ventanilla. Busqué a Alba, también a su madre, pero estaba todo confuso. Era todo un desastre. Mire a mi hijo de nuevo, y me di cuenta que no era mía la decisión. Él debía tomarla y saber que hacer cuando llegue el momento. Volví hacia la ventana y ahí estaban las manos. Saque mi brazo. Tome una mano y el tiempo se detuvo. Néstor se dio vuelta a mirarme y sentí una inmensa nostalgia. Sentía abandonar a mi hijo. Pero una ráfaga de miradas fue suficiente. Tenía que hacer, lo que tenía que hacer. Él se tranquilizo nuevamente y volvió a mirar por la ventanilla.
Tomé mi decisión e instantáneamente vino la calma. No sentía remordimientos, ni nostalgia, ni culpa. Solo paz. Me concentré en esa paz. Me dejé llevar. Mi cuerpo se elevo y salio a la intemperie. No me sentía sostenido. No me sentía caer. Simplemente me sentía liviano. Ultraligero. Volando. Vi alejarse el ómnibus, temblando y sacudiéndose hacia la oscuridad en medio de la tormenta.
Recuerdo haber estado en una reunión de colegio. Luego en una conversación con una compañera. En algunos lugares más. No podía terminar de ubicar lugar y tiempo en donde estaba. Llego al terreno árido. Estaba la mesa de mi computadora; una PC vieja sobre ella. Era mi primer PC, vieja, pero aun funcionaba. Tenia un problema, algo no conectaba bien. Estaba por revisar cual era el desperfecto, cuando veo un búfalo enorme, un animal inmenso, más de lo que hubiese esperado, bajaba por una escalera, en dos patas.
Durante un momento casi se apodera de mí el miedo. Pero ya sabia donde estaba. En donde me encontraba, ya no era necesario el miedo. Ya nada podía lastimarme. Ya había traspasado la barrera. No estaba más en el transporte rumbo al desastre. Había volado. Había llegado hasta ese lugar y ahí estaba mi computadora, esperando por la conexión. El enorme animal, se acerco y resulto que solo quería observar como resolvería el problema del equipo. Mire y recordé el portal por donde paso el otro hombre anteriormente.
Toque al búfalo y pude ver todo. Infinidad de personas habían estado ahí antes y todas, a su tiempo, habían pasado por el portal. Y ya estaba frente a mí, no era más que un marco en una pared, casi tapado por las enredaderas, sin embargo no conducía a ningún lado. Solo podía verse una pared gris luego del marco.
Comencé la tarea. Examine los errores en la pantalla, era un problema de conexión, el equipo no podía iniciar. Ataque la cuestión con muchos comandos. La experiencia me llevo a cambiar la conexión de red de un router a otro. Volví a mirar en el ordenador y ya estaba listo para chatear. La conexión estaba lista. En pantalla estaba el chat con Eli. Una chica que no tiene ni idea de que es un chat. Sus ocupaciones ni rozan siquiera el uso de informática. No obstante, ahí estaba. Era ella quien me hablaba y al intentar intercambiar unas palabras comenzaron a aparecer víboras en la pantalla. Víboras por todos lados. Supe en seguida que algo no andaba bien. Me desconecte y volví a error anterior. Me sentí perdido. Recorrí el lugar mientras pensaba y no lograba ver la solución. Me tranquilice, recordé de nuevo el vuelo que me había traído hasta ese lugar. Recordé que no estaba en peligro. Volví al ordenador y ahí estaba, como al principio con problemas para iniciar. Volví a recolectar a la red anterior como estaba el equipo cuando lo encontré. Apareció un cartel fuera de lo común: "A veces la solución esta en las cosas básicas." Mire el router y vi que todos los indicadores estaban en orden. Entonces entre a la configuración y lo reinicie. Un nuevo cartel apareció. "Por obra del todopoderoso, reiniciar el router ahora es formatear. Conexion exitosa". El sarcasmo me hizo mirar el ordenador con mas detenimiento. Había un disquete puesto y sin formato que no permitía avanzar en la carga de los programas. La solución era realmente, muchísimo mas fácil de como me plantee el problema. Había aprendido mi lección. El portal comenzó a brillar, avance hacia él y tenia miedo, aun así tome impulso y salte. Entre en una oscuridad, a lo lejos destellos, auroras, brillos extraños; me sentí perdido. Pero pensé en mi lección recién aprendida. Incliné mi cuerpo y avancé volando. La velocidad era la deseada. Era mi voluntad quien me llevaba hacia donde yo quería. El vuelo dependería de mí y de nadie más. Pensé en todas las personas que habían tenido su problema, su solución, la ayuda que habían recibido para lograrlo y, que en algún momento habían estado donde estaba yo ahora. Volando a su voluntad y me dije, "¿acaso no fue siempre asi?" Una voz en mi mente me dijo, "solo tienen que ir donde quieres ir." y así lo hice. Adelante con seguridad haciendo piruetas, pensando en que algún día sabría de Néstor, de Alba, de como fue su viaje en aquel colectivo a la deriva.
Llegué a un templo. Había monjes con túnicas marrón y blanco. Me recibieron sin decir palabra. Los acompañe y fuimos hasta donde un niño frente a una vela. Él se levantó y tome su lugar. Supe que ese niño había estado muchísimo tiempo meditando en ese lugar. Supongo que años. Recordé "el tiempo es una ilusión". Me concentré en la llama, y ésta se apagó. Sin preguntarme por qué, me dediqué a la tarea de entender el fuego, conocerlo, comprendelo. En mi mente veía la llama en la vela, bailando a su voluntad. "Voluntad, esa es la clave". Enfoque mi voluntad en la vela apagada. Cerré los ojos y me concentre. Ya no necesitaba mi cuerpo, ya no necesitaba mi entorno, nada excepto mi voluntad. No necesitaba el tiempo, es solo una ilusión. Sentí como me encendía. Yo era la flama y mi energía lo llenaba todo. Abrí mis ojos y ahí estaba, mi vela encendida. Había descubierto el secreto del fuego, el secreto de mi razón de existir. Había aprendido mi lección.
Ahora estoy en este mundo. En este vehículo a los tumbos que es la vida. Sólo tengo que aplicar lo aprendido, hasta que llegue el momento de partir. Me despierto y digo. "Soy feliz."
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