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La cama

Resumen del invierno de mis 16 años: los fantasmas atormentaron mis sueños. Durante ese invierno, llego una tía del norte a mi casa para hacer unos tramites en mi ciudad, y no hubo mucho tiempo para preparativos. Así que, la primer noche bajamos mi cama de mi cuarto y yo dormí en el sofá (muy incomodo), para que mi tía estuviese bien los días que pensaba quedarse. La noche siguiente, mi madre y mi tía, salieron a caminar y cuando volví de mi entrenamiento de voley, me encuentro con la novedad que encontraron una cama. Como estábamos cortos de ese elemento por la visita, decidieron traerla. La cama era de madera, común y corriente. Cuatro patas, los tirantes, nada fuera de lo común excepto por unas manchas que parecían ser de aceite pero que a nadie molestaron a la vista. La subieron a mi cuarto y armamos lo que seria mi nueva cama. Al menos durante los días que se quedaría mi tía. De todos modos la otra era plegable así que podía guardársela con facilidad. Esa, y las siguientes 4 noche...

La semilla del entendimiento

  No recordamos como era el mundo cuando nacimos. Cuando nacemos, los humanos estamos desprovistos de herramientas intelectuales que nos permitan entender los sucesos a nuestro alrededor. Quizá no lo olvidamos sino que instintivamente dejamos atrás esa primera etapa, ya que al no entenderla, no logramos poner en orden lo que recordamos y todo es un caos de imágenes en nuestras mentes. Conforme avanzamos, aprendemos de nuestro entorno por imitación, por repetición, hasta adquirir las competencias de la comunicación con los seres alrededor. No solo humanos, sino también de otras especies, formas de vida e inclusive objetos con los que interactuamos. Esta es la semilla que traemos desde que llegamos al mundo, que germina conforme evolucionamos mediante el aprendizaje de lo que nos rodea. A partir del aumento en las capacidades de entendimiento, comenzamos a darnos a entender. Comenzamos a establecer el intercambio de información, a varios niveles. Gestuales, orales, textua...

La educación es la clave

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Yo fui a la escuela pública. Luego fui a la secundaria pública. Y después a la Facultad pública. Los tres un nivel excelente y mi capacidad para trabajar me hace sentir un ciudadano útil. Pero eso fue hace más de quince años. Ahora veo lo que le enseñan a mis hijos y es una verdadera mierda. Y viene siendo una mierda hace mucho más tiempo que de la Rúa. Todo empeoró. Todo se vendió o corrompió. Y no es una o diez personas sino miles ... decenas de miles las que participaron en esta decadencia educativa. Y de todos lados, no sólo políticos sino de todos los ámbitos, escalafones y puestos. Hasta maestros, profesores y de ahí para arriba. Y muchos ciudadanos inclusive. Cuento con los dedos de una mano las personas que les enseñan a sus hijos algún complemento de estudio en la casa, pero no alcanzan los dígitos para contar los que se quejan del nivel educativo. A ver? Que hicieron cuando estudiantes? No se acuerdan nada de lo que aprendieron? Y eso que hace treinta años la ed...

Anécdota reencontrada

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    Me acaba de ocurrir algo increíble. La forma en que funciona la memoria es muy particular. Resulta que recordé que, cuando era niño... no se 5 o 6 años, tenia miedo de quedarme solo en casa. Vaya sabe por que pero me sentía más seguro en el exterior. El hecho es que había una señora que me cuidaba pero a mamá se le terminó el dinero así que solamente alcanzaba para pagarle que la señora me retirara de la escuela y me dejara en mi casa...ENCERRADO!!! La reputa mierda, tenía pánico así que encontré un destornillador de desarme la cerradura. Me las ingenie y desarme la cerradura y la quite de la puerta desde dentro. Finalmente pude abrir la puerta y salí al pasillo del edificio... y me sentí BIEN. El problema era que, no podía volver a cerrar la puerta sin la llave. MAMA ME IBA A MATAR. Desarme la cerradura. Desarmé el mecanismo. Abrí el cerrojo y volví a armar el mecanismo. Armé la cerradura, la coloque en la puerta y cuando mamá llegó me metí a la casa. Mamá preguntó por qu...

La vuelta de los sueños...

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    Evidentemente la urgencia de transmitir los recuerdos a este escrito, hacen que dichas memorias comiencen a desvanecerse lentamente, demostrando así, que las ideas más importantes no son fáciles de retener para las mentes poco entrenadas como la mía: necesito leer más.       Se aproximaba el fin y el terror invadía a la mayoría. Era extraño el lugar: un ómnibus lleno de gente poseída por el miedo, la desesperación, la ignorancia y la impotencia. Afuera la oscuridad de las nubes de tormenta. Casi todas las ventanillas cerradas. Lo llamativo es que, en aquel transporte estaban algunas personas conocidas. También estaban mis hijos, aunque solo recuerdo haber visto a Néstor. No podía hacer mucho, y más era el tormento de saber que mis seres queridos estaban acompañándome en ese viaje que parecía terminar en el peor de los finales. También estaban, la madre de Néstor, la madre de mi hija Alba, Edgardo uno de mis mejores amigos, José un amigo que hace años no ve...